martes, 6 de diciembre de 2011

Magia Digital


Magia digital, sensacional. Magia digital es para ti”, cantaba la radio del vocho.

1 Minuto después.

-       ¡Allá en mi triste soledad, me han dado ganas de gritar!, ¡súbele, chingado!
-       ¡Salir corriendo y preguntar qué es lo que ha sido de tu vida!, ¡pinche vieja puta, me cae!
-       ¡A la verga, pinches perras! Pásame un tabaco.
-       ¿Otro? Pinche puto, ya compra. – dijo él, mientras bajaba el volumen del estereo.
-       No la hagas de pedo, pendejo. Yo puse el tequila.
-       Pinche alcohol etílico que es esta mamada, cabrón. Y, para acabarla de chingar, con Fanta. Nomás porque me gasté todo mi dinero en la puta ésa, si no, hasta una cois nos dábamos.
-       Sí, sí, sí. ¡Dame un cigarro, pues!
-       No güey. Te la pelas, me queda uno.
-       Pues nos lo fumamos entre los dos.
-       No, puto.
-       ¡Qué cul…!
-       No te creas, sí güey. Saca lighter.
-       Ahí está, en la guantera.
-       No mames, me caga abrir tu puta guantera. Siempre es un pinche pedote para cerrarla. Chingaste a tu madre, no vamos a fumar hasta que lleguemos.
-       Tú y tus mamadas. ¡Ábrela y ya!
-       No, puto.
-       ¡Qué culón!
-       ¿Y la pipa?
-       Pues la traías clavada en tus huevos. ¡No mames que no la has sacado!
-       Se me olvidó, pues. ¿Y la hierba?
-       Abajo de tu asiento. Pero ponte verga con la policía, diario nos agarran por tu pinche culpa.
-       No mames, lo dices como si tú pagaras las putas mordidas.
-       Ya sé, ya sé, pero qué puta hueva. ¿Ya la rellenaste?
-       En eso ando. Tiene un putero de ramas y de cocos esta mamada.
-       Es que el Sabras anda desaparecido. Ya ves cómo deja de vender a ratos.
-       Entonces, ¿a quién le compraste esta mamada?
-       A un pinche viene-viene en el centro.
-       Qué cagado.
-       Sí. Buen pedo el güey.
-       Ya está. Pásame el encendedor.

La radio cantaba Tres regalos con Los Dandys.

"El Sabras"

4:22 PM.
Av. Hidalgo en el cruce con Jesús. En la radio suena “Jean Pierre” de Marcus Miller. Hace calor.

-       Te estoy hablando pendejo.
-       Perdón, me fui. ¿Qué decías?
-       Siempre que fumas te pones bien idiota, cabrón.
-       Tú has de fumar un chingo.
-       …
-       No mames, ¡contesta!
-       Ya sé, ya sé. Estaba pensando.
-       ¿En qué?
-       ¡Pues en qué chingados te iba a decir!
-       Igual y ya fue. ¿Para dónde…
-       ¡No mames, ya me acordé! El otro día me pegó un mal viaje; estábamos sentados en la sala del “Jaiz”, fumando y tomando unas birras. Esos güeyes le estaban dando a la cois pero yo no traía ganas. Se nos había terminado la hierba y estábamos esperando al “Sabras”, que iba a rolarnos un 200. Yo lo iba a pagar, ya sabes cómo me gusta la hierba de ese cabrón…
-       Te gusta ésta, pendejo.
-       Vete a la verga, déjame terminar.
-       Date, date.
-       ¿Qué te estaba diciendo?
-       Casa del “Jaiz”, sin hierba, esperando al “Sabras”.
-       Ah, sí. Estábamos esperando a ese perro cuando de repente cabrón, me empezó a dar una pinche paranoia pero culera. Como cuando andas bien pendejo y un policía se te pone atrás casi adrede nomás para cagarte el palo con el puto temor a la justicia. No te va a parar el hijo de perra, pero vas a estar en una película de suspenso por 5 minutos que van a parecer 3 pinches vidas, no mames. Creo que todo comenzó cuando supe que el “Sabras” iba en camino.
-       A mí nunca me paran.
-       Tú siempre estás con tu vieja pendejo.
-       Ya sabes cómo es cuando los moteles se ponen de elitistas.
-       Dirás cuando andas de pobre, pinche piojo.
-       Venimos en mi carro porque tu puto vocho no tenía gasolina pendejo, no digas mamadas.
-       Ese no es el caso güey. El caso es que nunca me había dado un mal viaje y se siente de la chingada. Yo creía que era un pedo psicológico, para pendejos pues. Pero no. Te controla, se te mete en la cabeza, te da un putazo por la espalda y una patada en los huevos cuando volteas.
-       Ya te había dicho.
-       ¿Tienes encendedor?
-       En la guantera.
-       Pásame la pipa.
-       Tienes manos.
-       Y tú tienes la puta pipa, pásamela.
-       Pero rellénala, ya no tiene.
-       No mames, ya no hay hierba.
-       Pues vamos con el “Sabras”. Aquí está en corto.
-       No güey.
-       ¿Por qué? ¿No traes varo? Yo lo pongo.
-       No, no es eso. Ese güey me mal viaja.
-       No mames.
-       Es que se me hace que es puto el cabrón.
-       No te vayas a hacer puto por fumarte su hierba.
-       ¡Pues me mal viaja y ya! ¿Qué chingados quieres que haga?
-       Callarte el hocico que ya casi llegamos.
-       Ya ni pedo.
-       Saca 100 lanas.
-       …
-       ¡Te estoy hablando pendejo!
-       Perdón, me fui.

Av. Hidalgo casi esquina con Aquiles Serdán. En la radio suena “Son of a preacher man” de Dusty Springfield.
Hace calor.

Ruidos y dos menos.




Ruido. Carros detenidos y pitidos prolongados. 50 metros más adelante hubo un accidente: al camionero se le cruzó el ciclista; un mexicano menos. Obstruyen tres carriles de los cuatro. El estéreo no sirve. Aire caliente; el calor ondula el concreto. A lo lejos, grita la ambulancia.

—Puta madre, cabrón, pinche tráfico de mierda.
—Te dije que nos viniéramos en taxi, güey.
—No seas pendejo. Igual en el taxi estaríamos aquí atorados.
—Nombre, güey. Pinches taxistas son unas vergas; se van por pinches calles bien clandestinas. ¿Ves algún taxi por aquí?
—Pues no.
—Pues es porque son unas vergas.
—Sube el vidrio, güey.
—No mames, ¿estás pendejo? Hace un chingo de calor.
—Unos toques y ya, que se arme el horno.
—Ni madres, cabrón. Hoy me terminé mi loción y no me quiero apestar.
—Pinche nena. Pásame la pipa, pues, pinche joto.
—Date un shot, güey. Ahorita llegando te das los toques que quieras.
—Sacatito pa’l conejo, loco. Ando bien erizo y estos putos nomás no avanzan.
—Chale, cabrón, nomás que me apestes.
—Lo echo para afuera.
—¡No mames! ¿Sabes qué pedo? No la traigo, güey. Yo creo la dejé en tu cantón.
—No mames. Te pasas de verga, pinche bato irresponsable. Y ahora, ¿qué, güey? ¿qué vamos a hacer?
—Pues el Tío me dijo que allá iba a haber una megatacha.
—¿Cómo?
—Pues sí, güey, una megatacha; yo me imagino una tacha del tamaño de un pastel o un pedo así.
—¿Y una fuente de LSD o qué pedo? ¡No mames, cabrón! Pinche Tío es bien verbo. Mándale un mensaje y que le tome una foto a la megatacha.
—¿Para qué?
—¿Cómo que para qué? Pues para ver si nos regresamos por la pipa, güey.
—Verga, bato. ¿Con este tráfico? No se hace.
—¿Entonces qué?
—Pues ponte pedo y ya, güey. ¿Hace cuánto que no te pones una peda peda?
—…
—Te estoy hablando, pendejo.
—Ubica ese pedo, güey. Pinche camionero pendejo.
—No, pues, con razón hay tanto tráfico.
—Pues sí, güey, pero, ¿neta tienen que dejar la bici tapando un carril? Digo, qué mal pedo por ese cabrón, pero ya fue. Que quiten la pinche bici. Están viendo el puto trafical que hay y todos ahí valiendo verga; bola de morbosos.
—Pinche bato culero.
—¿Por qué culero? Ay, güey, no mames; no se vaya a agüitar la bici porque la quiten.
—No, pues, pero… no sé.
—Qué bueno que no traes la pipa. Esa madre me hubiera malviajado.
—Ya sé, hubiera estado de la verga.
—¿Qué pasó con la megatacha?
—¿Qué pasó de qué?
—¡Pues la foto, cabrón!
—Ya ni me acordaba. Deja le marco al Tío.
—Sí, güey. Y pregúntale si él tiene hierba.
—¿Tío?
—…
—Sí, ya vamos para allá, estamos como a 15 minutos. Oye, ¿qué pedo con la megatacha?
—…
—¿Neta? Pues no, pero tenemos tequila. Mándame una foto de esa madre, ¿no?
—…
—¿Cómo que para qué? Pues para ver si nos regresamos por la pipa.
—…
—Vale, pues. Ahí nos vemos, de rato.
—¿Qué te dijo?
—Puras mamadas, pinche Tío. Mejor sí vamos por la pipa.
—No, güey. ¿Sabes qué? Ya me da hueva.
—Sí, ¿verdad? Aparte ya vamos a llegar.
—Pásame el tequila, pues.
—Date.
—Salud.
—Salud.
—Hoy me voy a poner hasta el culo, cabrón.
—¡No mames, checa!
—¿Qué es eso?
—¡Es la megatacha, cabrón!
—¡Verga! ¿Eso? ¡Pinche Tío se la rifó!
—Neta sí parece como un pinche pastel, güey.
—Parece como dios, güey. La megatacha es dios.
—¡Ya quiero llegar, cabrón! Pásame ese pinche tequila.
—Ahí te va.
—Por cierto, aquí traigo la pipa.
—¡No mames! Y, ¿por qué verga no me la pasabas?
—Pues porque huelo bien perro, ya te había dicho. Pero ten, ya me emocioné.
—Hijo de tu puta madre, dame tu puto encendedor, pues.
—Ahí te va “María”. Elévate, carnal.
—¿Ya está limpia?
—Sin semilla.
—¿Traes gotas?
—Ya te la sabes. Todo el kit.

SilencioSemáforo en rojo. Un ciclista cruza la calle. Un camión da la parada. En una colonia lejana, una madre llora porque su hijo ha muerto: se ha suicidado tras atropellar a un joven ciclista. Dos mexicanos menos.